Soldar es de esas tareas que se hacen a diario y con las que uno se confía rápido. Se coge la careta, se baja el visor y se suelda. El riesgo que se ve es la chispa y la quemadura, pero no es el que más daño hace a largo plazo.
Los problemas serios de la soldadura son los que no duelen en el momento, y por eso se protegen tan poco.
El humo es el riesgo principal
Lo que sube del cordón no es vapor: son partículas metálicas muy finas y gases que se respiran y se quedan dentro. Según el material y el proceso, puede haber óxidos metálicos, ozono o monóxido de carbono.
Hay dos casos que merecen mención aparte porque mucha gente los desconoce:
- El acero inoxidable genera humos con cromo y níquel. Es de los trabajos que más protección respiratoria exigen.
- El material galvanizado desprende óxido de zinc, que provoca la llamada fiebre de los metales: escalofríos, dolor muscular y fiebre unas horas después de soldar. Pasa al día siguiente y por eso casi nadie lo relaciona con el trabajo.
Contra el humo, lo primero es la extracción: un brazo aspirador junto al punto de soldadura hace más que cualquier mascarilla. Si no la hay, toca protección respiratoria con filtro adecuado, y ventilar de verdad, no abrir una puerta.
La radiación no avisa
El arco emite radiación ultravioleta suficiente para quemar la córnea. Es la conocida «quemadura de arco», que aparece varias horas después con sensación de arenilla en los ojos.
Lo importante aquí es que afecta también a quien pasa por al lado, aunque no esté soldando y aunque no mire directamente. Por eso hacen falta mamparas o cortinas de soldadura alrededor del puesto, y no solo la careta del soldador.
La piel también se quema. Manga larga, cuello cubierto y nada de soldar con camiseta, por calor que haga.
La ropa importa más de lo que parece
Este es el fallo más frecuente y el que peores consecuencias tiene. La ropa de trabajo normal no vale para soldar, y hay un detalle que mucha gente ignora:
Las prendas con fibras sintéticas se funden con la proyección y se pegan a la piel. Una quemadura que habría sido leve se convierte en algo serio. Para soldar hace falta ropa específica, ignífuga, y guantes de soldador, no unos guantes cualquiera.
Los bolsillos con solapa y los bajos por fuera de la bota no son un capricho: evitan que una gota de metal fundido se quede dentro.
El fuego que empieza después
Una proyección de soldadura puede saltar varios metros y quedarse escondida entre cartón, serrín o un trapo, y prender media hora más tarde, cuando ya no hay nadie.
- Despejar la zona de material combustible antes de empezar, en un radio amplio.
- Cubrir con mantas ignífugas lo que no se pueda mover.
- Tener un extintor al lado, no al fondo de la nave.
- Revisar la zona un rato después de terminar, antes de cerrar.
- Nunca soldar cerca de disolventes, aerosoles o bidones, aunque estén vacíos. Un bidón vacío es más peligroso que uno lleno.
Botellas, cables y mangueras
- Botellas siempre en vertical y sujetas con cadena, nunca apoyadas.
- Caperuza puesta cuando no se usan y al transportarlas.
- Mangueras sin cortes, grietas ni empalmes improvisados.
- Válvulas antirretroceso en su sitio, en el equipo de oxicorte.
- Cables de masa bien conectados a la pieza, no a la estructura de la nave.
- Portaelectrodos y pinzas sin aislamiento dañado.
Lo que debería tener un puesto de soldadura
- Careta de oscurecimiento automático con el tono adecuado al proceso.
- Gafas de seguridad debajo de la careta, para picar escoria.
- Guantes de soldador y manguitos o mandil de cuero.
- Chaqueta o buzo ignífugo.
- Calzado de seguridad que cubra el tobillo.
- Extracción localizada o protección respiratoria.
- Mamparas o cortinas alrededor.
- Mantas ignífugas y extintor cerca.
En Valsuhe suministramos a empresas de Valencia equipos de protección para soldadura, consumibles, mamparas y material ignífugo. Si tenéis un puesto de soldadura y no estás seguro de que esté bien equipado, cuéntanos cómo trabajáis y lo revisamos contigo.








