La escalera es la herramienta más común de cualquier taller y también la que menos se revisa. Está apoyada en la pared, la coge todo el mundo, nadie es su dueño y nadie se ha planteado nunca si sigue estando en condiciones.
El problema es que una escalera no avisa. No hace ruidos raros ni se queda sin batería. Funciona perfectamente hasta el día que cede un peldaño o resbala la base, y entonces la caída es desde dos metros y contra el suelo.
Con la vuelta a la actividad y los trabajos de mantenimiento de otoño vuelven a salir todas, así que es buen momento para mirarlas una por una.
Las señales de que hay que retirarla
No hay que ser técnico para detectarlas. Con la escalera abierta en el suelo y cinco minutos:
- Peldaños flojos, doblados, agrietados o que giran al pisarlos.
- Largueros con abolladuras, curvaturas o grietas, por pequeñas que parezcan.
- Remaches o tornillos que faltan, están flojos o han empezado a salirse.
- Tacos de goma de la base desgastados, endurecidos o directamente ausentes.
- Bisagras, tirantes o cadenas de las escaleras de tijera oxidadas o deformadas.
- Restos de pintura, grasa o aceite en los peldaños.
- Etiqueta de características ilegible o arrancada.
Y una que se olvida siempre: si una escalera se ha caído desde altura o le ha pasado algo por encima, se retira, aunque no se le vea nada. El aluminio deformado no siempre se aprecia a simple vista.
Lo que nunca debería hacerse
La mayoría de accidentes con escaleras no son por escaleras rotas, sino por usarlas mal:
- Pisar los dos últimos peldaños de una escalera de tijera.
- Estirarse de lado en lugar de bajar y mover la escalera. Es la causa número uno de vuelcos.
- Apoyarla sobre suelo mojado, desnivelado o sobre un palet.
- Usarla como puente entre dos puntos.
- Subir con las dos manos ocupadas.
- Colocarla delante de una puerta que alguien pueda abrir.
- Subirse dos personas a la vez.
Para una escalera de apoyo, la regla práctica es que la base quede separada de la pared aproximadamente una cuarta parte de la altura a la que apoya, y que sobresalga un metro por encima del punto de llegada.
Cuándo la escalera ya no es la herramienta
Hay trabajos para los que una escalera no es la opción correcta, por muy buena que esté:
- Cuando hay que estar arriba más de unos minutos.
- Cuando se necesitan las dos manos libres.
- Cuando hay que manejar peso o herramienta voluminosa.
- Cuando el suelo no es firme ni horizontal.
- Cuando el trabajo obliga a moverse lateralmente.
En esos casos toca plataforma, torre de trabajo o andamio. Cuestan más que una escalera, pero muchísimo menos que una baja.
Guardarlas bien alarga su vida
- En horizontal y apoyadas en varios puntos, no colgadas de un extremo.
- A cubierto, sin sol directo ni lluvia.
- Lejos de productos químicos que puedan atacar el aluminio.
- Limpias, sobre todo los peldaños y los tacos de la base.
- Con las de tijera cerradas y aseguradas, para que nadie se las lleve por delante.
Cómo organizar la revisión
Lo práctico es numerar cada escalera con una pegatina y llevar una hoja sencilla: número, dónde vive, fecha de la última revisión y estado. Así se sabe cuáles se han mirado y cuáles no.
Lo que se retire, fuera de la nave el mismo día. Una escalera apartada «para tirarla» acaba volviendo a la pared en cuanto alguien tiene prisa.
En Valsuhe trabajamos con escaleras profesionales, plataformas y torres para empresas de Valencia, y podemos ayudarte a ver qué necesitas de verdad según el trabajo que hagáis. Si estás revisando las tuyas y te salen varias para retirar, cuéntanos cómo trabajáis y te preparamos el recambio.








