En julio, muchas naves y talleres de la provincia de Valencia superan sin dificultad los 35 grados a media tarde. Las personas lo notan enseguida. Los productos almacenados, en cambio, no se quejan.
Ese es justamente el problema. Disolventes, pinturas, aerosoles, adhesivos o combustibles llevan todo el año en la misma estantería sin dar ningún aviso, pero con el calor dejan de comportarse igual. Un almacenamiento que en marzo era correcto puede no serlo en agosto.
No hablamos de grandes instalaciones químicas, sino de la situación habitual en cualquier taller, obra o almacén: unos bidones al fondo, un par de cajas de sprays y una estantería con botes de pintura.
En este artículo repasamos qué cambia con el calor, qué productos conviene vigilar y qué medidas sencillas reducen el riesgo antes de que llegue lo más duro del verano.
Por qué el calor cambia las reglas del almacenamiento
La subida de temperatura afecta a los productos químicos de varias formas a la vez:
- Aumenta la presión dentro de los envases. Los aerosoles y los recipientes cerrados se dilatan y pueden deformarse, gotear o llegar a reventar.
- Acelera la evaporación. Un disolvente mal cerrado genera vapores mucho más rápido en verano que en invierno.
- Acerca los líquidos a su punto de inflamación. Cuanto más caliente está un producto inflamable, menos falta para que sus vapores prendan con una simple chispa.
- Degrada el producto. Pinturas, adhesivos y selladores pierden propiedades y se estropean mucho antes de su fecha prevista.
- Castiga los envases de plástico. El sol directo los vuelve quebradizos y hace que las etiquetas se despeguen o se borren.
Este último punto se subestima con frecuencia. Un envase sin etiqueta legible es un producto que nadie sabe manipular con seguridad, ni cómo apagar si hay un incidente.
Los productos que más conviene revisar
En la mayoría de empresas la lista es más corta de lo que parece, pero casi siempre incluye:
- Disolventes, aguarrás y alcoholes técnicos.
- Pinturas, barnices e imprimaciones.
- Aerosoles y sprays técnicos, como lubricantes, desengrasantes o detectores de fugas.
- Adhesivos, siliconas y espumas de poliuretano.
- Gasoil y combustibles para maquinaria.
- Botellas de gases a presión, incluidas las de soldadura.
- Aceites, taladrinas y lubricantes.
- Productos de limpieza industrial concentrados.
Cinco sitios donde no deberían estar
- Bajo una ventana o una claraboya. El sol directo puede dejar el envase muy por encima de la temperatura del aire de la nave.
- En el altillo. El calor sube, así que la parte alta de una nave es siempre la zona más caliente.
- Junto a un cuadro eléctrico, una radial o un puesto de soldadura. Vapores inflamables y chispas no deberían coincidir nunca.
- Dentro de la furgoneta. Un vehículo aparcado al sol pasa de los 60 grados en su interior con facilidad.
- En pasillos y salidas de emergencia. Es lo que se hace cuando falta sitio, y es lo que peor acaba.
Qué material resuelve la mayoría de los casos
No hace falta una gran inversión. Con equipamiento básico se corrige casi todo:
- Armarios de seguridad para inflamables, que aíslan el producto y aguantan un tiempo determinado en caso de incendio.
- Cubetos de retención bajo bidones y garrafas, para que un derrame quede recogido y no acabe en el desagüe.
- Ventilación en la zona de almacenamiento, aunque sea un extractor sencillo, para que los vapores no se acumulen.
- Señalización de riesgo químico y de prohibido fumar, visible desde la entrada.
- Extintores adecuados al tipo de producto, y con la revisión al día.
- Absorbentes en rollo o en granulado, cerca de donde puedan hacer falta.
- Equipos de protección específicos: guantes de protección química, gafas cerradas y mascarilla con filtro para vapores orgánicos.
Conviene recordar que, a partir de ciertas cantidades, el almacenamiento de productos químicos está regulado por el reglamento APQ y puede exigir medidas adicionales. Si tienes dudas sobre en qué punto está tu empresa, lo sensato es consultarlo con tu servicio de prevención.
Una revisión de veinte minutos que merece la pena
Antes de que llegue agosto, con dar una vuelta por el almacén se detecta casi todo:
- ¿Hay algún envase hinchado, deformado o goteando?
- ¿Se leen bien todas las etiquetas?
- ¿Le da el sol directo a alguna estantería con producto químico?
- ¿Hay inflamables cerca de una fuente de calor o de chispas?
- ¿Está todo bien cerrado, incluidos los envases ya empezados?
- ¿Queda algún producto caducado o que ya no se usa y solo ocupa sitio?
Lo que sobre, mejor retirarlo por el gestor de residuos que corresponda antes del cierre por vacaciones. Un almacén con menos producto es un almacén más seguro.
En Valsuhe llevamos tres décadas suministrando a empresas de Valencia el material que necesitan para trabajar con seguridad, desde armarios y cubetos hasta protección individual y señalización. Si este verano quieres poner en orden tu zona de almacenamiento, cuéntanos qué tienes y te ayudamos a decidir qué hace falta de verdad.








