Septiembre es mes de incorporaciones. Se cubren las vacantes que dejó el verano, se refuerzan las plantillas para el último trimestre y entra gente nueva en el taller, en el almacén o en la obra.
El primer día de un trabajador marca bastante más de lo que parece. Si llega y no tiene ropa, ni taquilla, ni los equipos que necesita, el mensaje que recibe es que la seguridad es algo que se improvisa. Y si además le pasa algo esa primera semana, el problema es mayor.
Repasamos qué conviene tener preparado antes de que aparezca por la puerta.
El equipo llega antes que la persona
La regla es sencilla: cuando alguien entra, su equipo ya debería estar ahí, con su nombre y su talla. Eso significa saber con antelación:
- Tallas de ropa, de calzado y de guantes.
- El puesto concreto que va a ocupar y los riesgos que tiene.
- Si va a trabajar en altura, con productos químicos, con ruido o con maquinaria.
- Si necesita algo específico, como calzado dieléctrico o protección facial.
Preguntar la talla el primer día y pedirla ese mismo día significa que esa persona va a trabajar una semana con lo que haya sobrado en el almacén, que casi nunca es lo que le corresponde.
La dotación básica
Varía según el puesto, pero el punto de partida suele ser:
- Ropa de trabajo, dos equipaciones como mínimo para poder lavar.
- Calzado de seguridad de su talla, con la protección que pida el puesto.
- Guantes adecuados a la tarea, no unos genéricos para todo.
- Gafas de seguridad.
- Protección auditiva si hay ruido.
- Casco si el puesto lo requiere.
- Ropa de alta visibilidad si trabaja cerca de vehículos o carretillas.
- Taquilla, percha y un sitio donde dejar sus cosas.
Y un detalle que se agradece mucho: que la ropa esté personalizada con el nombre o al menos identificada. Reduce mezclas, pérdidas y discusiones.
El calzado no es un detalle menor
Es el equipo que más se sufre y el que más se descuida. Un calzado de seguridad de una talla que no es la suya acaba en tres cosas: rozaduras, bajas y una persona que se lo quita en cuanto puede.
Merece la pena tomar la talla bien, tener en cuenta que el pie se hincha a lo largo de la jornada y ofrecer al menos un par de modelos distintos. No todos los pies van bien en la misma horma.
Entregarlo por escrito
La entrega de EPI conviene dejarla registrada, con la fecha, el equipo entregado y la firma. No es burocracia: sirve para saber cuándo toca reponer, para justificar la entrega y para que quede claro qué se ha dado.
Y con la entrega va la explicación: para qué sirve cada cosa, cómo se ajusta, cómo se guarda y cuándo hay que avisar de que está en mal estado. Un EPI mal ajustado protege bastante menos de lo que la gente cree.
Lo que hay que contarle el primer día
- Dónde están las salidas de emergencia y el punto de reunión.
- Dónde está el botiquín y a quién avisar si pasa algo.
- Dónde están los extintores.
- Qué zonas tienen acceso restringido y por qué.
- Qué máquinas no puede usar todavía.
- Quién es su referente para cualquier duda.
Los primeros días son los de mayor riesgo de accidente, precisamente porque todo es nuevo. Media hora bien empleada el primer día vale más que un cursillo dentro de tres meses.
Tener un kit preparado
Las empresas que incorporan gente con cierta frecuencia acaban montando un kit de bienvenida: un juego completo por talla, listo en el almacén. Cuando entra alguien, se coge y se entrega.
Cuesta poco de organizar y evita el clásico de empezar a buscar guantes por los cajones el lunes por la mañana.
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